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Esperando el día fatídico

Ayer llegué a 12 semanas de embarazo. Para nosotros es una fecha mágica, es el cumplimento del mítico primer trimestre, la meta que hay que alcanzar para pensar: todo va bien, esto irá adelante. A decir verdad lo sabremos con seguridad este viernes, cuando le harán a nuestra “Peca”, así la llamamos, su primera ITV y de paso verán si todo está en su sitio. Yo estoy segura que esta vez es la buena. El padre de Peca, después de los dos fracasos anteriores, intenta mantener la calma y no se pronuncia, quiere pruebas fiables de que va a tener descendencia antes de dejarse llevar por la emoción. A mi favor tengo toda una serie de síntomas, la mayoría desagradables, que me hace pensar que mi pequeño okupa está activo dentro de mi.

Las nauseas. Me acompañan fieles en mi día a día. Por lo menos tres veces al día. El único alivio? La ingesta de cualquier tipo de hidrato de carbono refinado. Una cosa está clara, Peca sabe que tiene genes italianos por parte de madre porque solo se placa con pizza, pasta, crackers y cosas por el estilo. Cualquier intento de comer fruta o verdura o pescado provoca olas de malestar gastrico de grandes proporciones.

Los gases. Esto es lo peor! Hay un porcentaje de gestantes (entre las cuales lamentablemente me encuentro) que desarrollan aire en lugares del organismo donde NO debería haber. Esto tiene consecuencias dramáticas, por lo menos para mi: caída en picado del autoestima sexual la más destacable. Me siento un balón aerostatico y mi atractivo está al altura del de Gloria, la hipopótamo de Madagascar. No tengo el valor de acercarme a mi hombre no vaya a ser que desenganche una bomba…Ando sola por la calle, alejada de al menos tres metros de quien sea. En todo esto tengo una panza que, según las fotos de los libros de embarazo que me compré, corresponde a seis meses de gestación, lo cual es un problema ya que hemos decidido no decírselo a nadie hasta la eco del viernes.

Estados de ánimo alterados. Soy una cocktail de hormonas con piernas. Me emociono con todo. Si además veo algo minimamente relacionado con el mundo infantil, aunque sean los pañales en el Mercadona, me deshago en un mar de conmoción.

Imaginaos cuando hoy he visto esta maravilla:

Después de mirarlo y rimirarlo varias veces, con aliño de lágrimas y todo el kit emocional del embarazo creo que Peca y yo estamos bien, muy bien.

Ya estoy soñando, solo quiero que llegue por fin el viernes

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